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Maíz, arte y sociedad

Proyecto artístico de vinculación medio ambiental
Arte / Marzo 2021

¡Ya nos cayó el chahuiztle!(1) es un proyecto de arte, medio ambiente y sociedad que busca promover una conversación en torno a ciertos efectos de las prácticas biogenéticas globales. La compra y siembra de maíz genéticamente modificado en el contexto mexicano, donde la dieta se basa principalmente en el consumo de este grano, tendrá consecuencias nocivas irreversibles. Por un lado, una planta nativa —ya que el maíz se originó y se diversificó principalmente en México— modificará permanentemente su acervo genético, pues no hay forma de evitar que los transgenes que se introduzcan contaminen las poblaciones naturales, porque el polen viaja a través del aire y fecunda las flores femeninas. Por otro lado, el maíz transgénico encarecerá la producción de alimentos, pues comprar la semilla año con año, en lugar de guardarla como lo han hecho siempre los campesinos, aumentará los costos a lo largo de toda la cadena alimentaria.(2)

¡Ya nos cayó el chahuiztle! fomenta la siembra sustentable de maíz natural en la población de Amatlán de Quetzalcóatl (la cual tiene su origen en la época prehispánica), en el Estado de Morelos de la República Mexicana, mediante un modelo de alianza social que parte de una relación amorosa y comprometida con la tierra y sus productos. Este proyecto busca rescatar la diversidad de granos de la región y mantener la siembra tradicional de la milpa: con respeto a la naturaleza y a las personas, sin agroquímicos, pesticidas, semillas híbridas ni intermediarios, atendiendo así a la apremiante necesidad del pueblo mexicano de despertar y advertir que el maíz, base primordial del sustento diario, está siendo fuertemente amenazado por el avance industrial y corporativo. La idea es que este modelo de siembra sustentable se pueda replicar en todo el territorio nacional.

El modelo neoliberal capitalista hace del consumo de maíz un acto que pone en riesgo la salud individual y la preservación de los ecosistemas donde se desarrollan sus plantíos extensivos, poniendo en riesgo el cultivo tradicional y profundizando, al mismo tiempo, la desigualdad y marginalidad de los grupos campesinos e indígenas del país, a quienes se debe esta herencia ancestral. En contraste, el consumo consciente de maíz criollo, de milpa tradicional, reactivaría la producción nacional y promovería la valoración de su cultivo como un trabajo digno y portentoso, imbricado en las bases de la identidad material y espiritual de los mexicanos.

Las obras artísticas que se crean en este proyecto, construidas a partir del ensamblaje de miles de semillas en cada pieza, surgen de preguntas como las siguientes:

El proyecto está conformado por piezas en las que se representan marcas comerciales que emplean el maíz transgénico, principalmente en forma de jarabe, como parte de los ingredientes de sus productos comestibles, aunque éste no sea indispensable para su elaboración. Esto responde a una lógica económica que se sobrepone a las necesidades alimenticias. El maíz modificado genéticamente se consume sobre todo en forma de alimentos ultraprocesados, como las papitas que consumimos como botana o los refrescos que en ciertas zonas rurales de México son más accesibles que el agua potable.

Con la venta de las piezas artísticas elaboradas con semillas híbridas industriales (las semillas libres campesinas que creamos las reservamos para consumo humano)(3), se impulsa la siembra tradicional de maíz nativo en la población de Amatlán de Quetzalcóatl. En este lugar, hacia finales del siglo pasado, los agricultores abandonaron gradualmente la forma de siembra tradicional y comenzaron a utilizar semillas híbridas, agroquímicos y maquinaria contaminante. Este proyecto artístico-alimenticio busca revertir este proceso y demostrar que la forma natural y tradicional de siembra no sólo es sustentable en términos económicos, sino que permitirá recuperar una cultura ancestral de respeto a la naturaleza y a las personas: comida sana para un cuerpo y una mente sanas.

 

Proceso

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Amatlán de Quetzalcóatl en el estado de Morelos, es una comunidad de agricultores ubicada a una hora de la Ciudad de México. Su nombre en náhuatl (familia de lenguas indígenas con más hablantes en el México de hoy) significa “lugar de los amates” (el amate es un árbol de cuya corteza se extraía el papel para hacer antiguos códices) y su origen se remonta a la época prehispánica.

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Con las obras artísticas que conforman la serie Ya nos cayó el chahuiztle, se promueve la siembra sostenible de maíz en estas parcelas.

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La primera cosecha tardó alrededor de nueve meses en poder ser utilizada para el consumo humano, considerando el tiempo transcurrido desde la preparación del terreno para la agricultura, la selección de semillas, la creación de surcos en la tierra y demás procedimientos. Juan Toltecameh (retratado en la fotografía), es quien dirige la siembra y recupera una filosofía ancestral relacionada con el maíz como sustento alimenticio y cultural de la sociedad.

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Solo una vez al año se puede lograr una cosecha de maíz de temporal, por eso es tan importante para la comunidad, ya que de ella depende su alimentación.

Uno de los principales objetivos de este proyecto es recuperar la diversidad del maíz en la región, que tras el modelo neoliberal de agricultura y sus semillas híbridas industriales, se ha perdido en las últimas décadas. Por tanto, se trata de una iniciativa artístico-ambiental de resistencia identitaria.

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Los cuatro tipos clave de maíz que hasta ahora se cosechan como parte de esta iniciativa son: rojo, azul, blanco y amarillo.
Se agregarán más variedades con el tiempo.

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Ritual ofrecido a la madre tierra en agradecimiento por la cosecha.

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¡Ya nos cayó el chahuiztle!
Obras

Semillas de maíz híbrido industrial sobre base de espuma.
Algunas secciones de las piezas están protegidas químicamente y otras no con la finalidad de que la obra se autoconsuma parcialmente con el paso del tiempo debido a la acción de los insectos que se alimentan de las semillas.

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All ways, +30 000 semillas, 93 x 193 x 9 cm, 2018.

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Live for wow, +12 000 semillas, 103 x 103 x 9 cm, 2019.

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Lies, +12 000 semillas, 103 x 103 x 9 cm, 2019.

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Colonialismo extra, +12 000 semillas, 103 x 103 x 9 cm, 2021.

Tecuani, +12 000 semillas, 103 x 103 x 9 cm, 2021.

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Notas: 

(1) Chahuitztli es una palabra náhuatl que significa “enfermedad del maíz”, por lo tanto, “ya nos cayó el chahuiztle” es una vieja frase de dominio popular que significa que como sociedad nos ha caído una maldición.

(2) Para obtener más información sobre este tema, consulte el texto escrito como declaración de principios para este proyecto aquí.

(3) Tabla que incluye algunas características de los distintos tipos de semillas de maíz:

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Agradecimientos:
A Juan Toltecameh, Kena y toda su familia. A Laura Martínez, Omar Díaz, Marilia Castillejos y Mayra Álvarez. 

Colaboradores:
Montserrat y Maritza Sotelo, Elena Coll, Ximena Leyva, Diego Gallardo, Mariau Urrusti, doña Lucina Esquivel, Tony Pliego, Gabriela Latapí y Cecilia Chacón. 

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English Version

The chahuistle has fallen on us!(1) is an artistic, environmental and society project that seeks to promote a conversation around the effects of global biogenetic practices. The purchase and planting of genetically modified corn in the Mexican context, where the diet is based mainly on the consumption of this grain, will have irreversible harmful consequences. On the one hand, a native plant since corn is originated and diversified mainly in Mexico will permanently modify its gene pool, because there is no way to prevent the transgenes that are introduced from contaminating natural populations, pollen travels through the air and fertilizes female flowers. On the other hand, transgenic corn will make food production more expensive, therefore buying the seed year after year, instead of saving it as farmers have always done, will increase costs throughout the entire food chain. (2)

The chahuistle has fallen on us! promotes the sustainable planting of natural corn in the population of Amatlán de Quetzalcóatl (which has its origin in pre-Hispanic times), in the State of Morelos in Mexico, through a model of social alliance that starts from a loving and committed relationship with the land and its products. This project seeks to rescue the diversity of grains in the region and maintain the traditional planting of the milpa: with respect for nature and people, without agrochemicals, pesticides, hybrid seeds or intermediaries, thus meeting the urgent need of the Mexican people to awaken and be aware that corn, the main base of daily food, is being strongly threatened by industrial and corporate advancements. The goal is that this sustainable planting model can be replicated throughout the national territory.

The neoliberal capitalist model makes the consumption of corn an act that puts individual health at risk as well as the preservation of the ecosystems where its extensive plantations are developed, putting traditional cultivation at danger and deepening, at the same time, the inequality and marginality of the farmers and indigenous groups of the country, to whom this ancestral heritage is owed. In contrast, the conscious consumption of creole corn, the traditional milpa, would reactivate national production and promote the valuation of its cultivation as a dignified and prodigious work, embedded in the bases of the material and spiritual identity of Mexicans.

The artistic works that are created in this project, built from the assembly of thousands of seeds in each piece, arise from questions such as:

The project is made up of pieces that represent trademarks that use transgenic corn, mainly in the form of syrup, as part of the ingredients of their edible products, although this is not essential for its production. This responds to an economic logic that is superimposed on nutritional needs. Genetically modified corn is consumed mainly in the form of ultra-processed foods, such as soft drinks, which in certain rural areas of Mexico are more accessible than drinking water.

With the sale of artistic pieces made with hybrid and genetically modified seeds, the traditional planting of native corn is promoted in the town of Amatlán de Quetzalcóatl. In this place, towards the end of the last century, farmers gradually abandoned the traditional way of sowing and began to use hybrid seeds, agrochemicals and polluting machinery. This artistic-food project seeks to reverse this process and demonstrate that the natural and traditional way of sowing is not only sustainable in economic terms, but will also allow the recovery of an ancestral culture of respect for nature and people: healthy food for a body and a healthy mind.

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(1) Chahuitztli is a Nahuatl word that means “corn disease”, therefore, “The chahuiztle has already fallen on us” is an old phrase of popular domain that means that as a society a curse has fallen on us.

(2) For more information, see the text written as a declaration of principles for this project here.

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Acknowledgements:
To Juan Toltecameh, Kena and his entire family. To Laura Martínez and Omar Díaz. To Marilia Castillejos. To Mayra Álvarez.

Collaborators:
Montserrat Sotelo, Maritza Sotelo, Elena Coll, Ximena Leyva, Diego Gallardo, Mariau Urrusti, Lucina Esquivel, Tony Pliego, Gabriela Latapí y Cecilia Chacón. 

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