Google+

Columna: La precarización del trabajo cultural hacia finales de sexenio

Junio 2018

El escenario cultural de las instituciones de este país no es y no ha sido nada prometedor en las últimas décadas. En el agonizante sexenio actual, encabezado por Enrique Peña Nieto, se ha recortado alrededor del 40% de presupuesto a la cultura respecto al sexenio anterior (lo cual no quiere decir que en aquel entonces se le destinara un presupuesto propicio para su desarrollo); se impuso de forma vertical, jerárquica, una Secretaría de Cultura sin pies ni cabeza —el 80% de su presupuesto es destinado a la burocracia—, a la cual se refirió acertadamente el dramaturgo Jaime Chabaud como «un golpe demagógico». Los temblores del septiembre pasado dañaron parte del patrimonio artístico y cultural de estados como Puebla, Morelos, Oaxaca y Guerrero, y el gobierno sigue brillando por su ausencia; el 70.5% de los empleados del INBAL que han sido contratados por la modalidad de Capítulo 3000 como «prestadores de servicios» (¿en verdad profesionales que cuentan con maestrías y doctorados son contratados como proveedores? Sí) no han podido cobrar su salario desde el mes pasado, a pesar de que se les prometió que esta situación «no volvería a suceder» —y así podríamos continuar con un interminable listado de inconsistencias.

En un documento público, los trabajadores contratados por el mencionado Capítulo del INBAL exponen cifras verdaderamente aterradoras:

SantiagoRobles, Capitulo3000, RevistaCodigo, Columna, INBA, YaPagameINBA

Por si esto no fuera poco, de los encuestados en el censo, sólo cuatro han recibido todos los pagos que van del año, ninguno de los cuales fue sometido a prorrateo, están dados de alta en CompraNet y cuentan con un contrato hasta diciembre de 2018. Es decir, menos del 5% de los adscritos al Capítulo 3000 viven una situación de aparente regularidad. ¿Cómo se puede siquiera pensar en un proyecto de cultura en el país, si no se cumplen las condiciones mínimas para el desarrollo de sus bases laborales? El gobierno es quien debería de dar el ejemplo ofreciendo condiciones dignas a sus trabajadores para así exigirle a las empresas que elaboren mejores contratos; sin embargo, es el propio gobierno quien está subyugado al sector privado, al capital, y poco le interesa impulsar un estado de bienestar para los asalariados.

El hecho de que los trabajadores estén contratados como «prestadores de servicios» les impide contar con prestaciones que son derechos marcados por la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado: no cuentan con jornadas laborales regulares, seguridad social, vacaciones, aguinaldo, permisos de paternidad ni maternidad, protección ante despidos injustificados —y otra vez la lista se puede extender de forma abismal.

En este momento no me referiré a las condiciones laborales de los artistas, porque es otro gran tema; es momento de sumarse al llamado urgente de los trabajadores culturales por construir una alianza social que genere conciencia sobre la importancia de las actividades artísticas para la vida de un país: «Es necesario accionar en conjunto, hacer visible la precariedad laboral como una tendencia que se manifiesta en distintos ámbitos y sectores del país y, como ciudadanos, proponer nuevas realidades laborales consistentes con el México que deseamos».

La precarización de las condiciones laborales de los trabajadores en la actualidad se debe, en parte, a que los gobiernos de nuestro país han tendido en las últimas décadas hacia un proyecto neoliberal rapaz que ha ido desdibujando los logros que la organización obrera había conseguido históricamente. Simplemente habría que voltear a ver las circunstancias en las que los millenials somos contratados hoy en día y contrastarlas, por ejemplo, con la posibilidad que tuvieron muchos de nuestros abuelos y bisabuelos en generar un patrimonio. Por lo tanto, la defensa de condiciones dignas de trabajo en el sector cultural no se va resolver solamente con buenos deseos ni con frases hechas: tiene que haber un proyecto nacional más amplio y profundo.

El pasado 15 de mayo, la editorial Editarte y el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM organizaron un encuentro con cuatro de los cinco asesores en materia cultural de los candidatos a la presidencia con la finalidad de que expusieran sus propuestas. Estos asesores son los que ocuparían la Secretaría de Cultura en caso de que su candidato llegara a la presidencia —a excepción de Beatriz Paredes, que fue en representación de Javier Lozano por la coalición Todos por México—. La sesión, según pude constatar en distintos medios que cubrieron el evento, se nutrió de generalidades: «La propuesta en materia de cultura debería ir más allá de la política y tomar en cuenta otras áreas, como el diseño o la gastronomía», «Se deben respaldar las creaciones artísticas de los pueblos originarios» o «Se impulsará la realización de proyectos culturales comunitarios» (ahora se piensa que agregando la palabra «comunitario» a cualquier término, se vuelve positivo per se). Sí, estamos de acuerdo con estas posturas, ¿cómo no estarlo? Pero, ¿cómo se van a realizar? ¿Por qué los proyectos no están determinados con base, por ejemplo, en incorporar el tema de la cultura en la Secretaría de Economía como se ha venido planteando en distintas publicaciones y mesas de especialistas, por ejemplo el Ventiladero cultural?

Por buenos deseos no paramos, pero hay que establecer las viabilidades. Declaraciones como: «Es necesario generar un fomento a la cultura digital» suenan muy bien, pero ¿es verdaderamente lo que se necesita con mayor urgencia? ¿Dónde están los estudios serios que concluyen que eso es necesario impulsarlo «desde ya» con base en la relación cultura-sociedad-presupuesto público? Por ejemplo, ¿qué pasó con el programa Enciclomedia de Vicente Fox en materia educativa —que fue un rotundo fracaso a pesar de que la palabra «tecnología» se repetía más de 100 veces en su programa—? Con esto me gustaría aclarar que de ninguna manera estoy en contra del uso de la técnica digital, al contrario, pero por sí sola no resuelve los problemas. Hace falta implementar una estrategia eficiente que tome en cuenta a los contextos y a la cultura de las personas involucradas en los distintos procesos. Que nada venga como imposición. Esta lección debería estar asimilada ya desde los programas de alfabetización vasconcelistas.

En dicho encuentro entre potenciales secretarios de cultura, todos los participantes se pronunciaron a favor de impulsar medidas que mejoren las condiciones laborales de los trabajadores culturales (¿cómo no iban a decirlo?), pero como lo expresó el cineasta Víctor Ugalde, en muchos casos no se cumple con que las personas al frente de las instituciones estén capacitadas para hacerlo (ya no digamos que tengan la voluntad real para plantarse en contra de una tendencia global de precarización laboral): «Desgraciadamente [las autoridades] no están capacitadas para administrar las industrias culturales […] son necesarias políticas para impulsar la producción, distribución y consumo cultural en México y no políticas de recorte de presupuestos al sector como ha pasado en estos últimos años… pero la verdad veo un panorama negro ante el tema». Si a esto le sumamos que ningún candidato actual a la presidencia habla sobre el tema cultural podemos reafirmar que el escenario nacional en esta materia no es nada prometedor, por decir lo menos.

Desde el punto de vista de una continuidad programática cultural, el hecho de que exista una falta de transparencia en el proceso de contratación de los trabajadores culturales y que ésta se realice en muchos casos por periodos de corto tiempo, genera inestabilidad, misma que frena el plan de un proyecto cultural sustentable y que fomente un crecimiento personal y laboral entre sus operarios: los proyectos generales cambian de manera sexenal, todo se realiza de última hora porque hay que cumplir con compromisos políticos, no existen diagnósticos conscientes sobre lo que es necesario implementar y, en pocas palabras, no existe una mínima consistencia en cualquier rubro institucional.

Los grandes retos que tenemos en materia cultural en el país se van a poder enfrentar cuando la población organizada exija y vigile que las autoridades cumplan eficientemente con su labor de una forma abierta y plural, y esto sólo se puede lograr a partir de velar antes que nada por las condiciones de los trabajadores culturales, que son la base operativa de cualquier proyecto que en materia de cultura institucional queramos emprender. En palabras de Guillermo Bonfil Batalla: «En la opción del proyecto cultural que modele el México de mañana se decide nuestro ser y nuestra manera de ser. Es asunto vital para todos: vamos tomándolo en serio».

SantiagoRobles, Capitulo3000, RevistaCodigo, Columna, INBA, YaPagameINBA

———————–

Texto publicado originalmente en el portal de Internet de la revista Código el 23 de mayo de 2018.

Otros trabajos de

Escultura / Noviembre 2020
Pieza que acompaña al disco Made by God de la agrupación sudafricana Die Antwoord
Sin categoría / Octubre 2020
Impartido por la Dra. Natalia de la Rosa
Libro arte / Septiembre 2020
Edición facsimilar (SARA, 2020)
Pintura Mural / Junio 2020
Pintura acrílica sobre muro, 6 x 6 m2, Paseo del pedregal, Ciudad de México, 2020
Arte Visual / Mayo 2020
Cátedra Extraordinaria Francisco Toledo Arte y Comunidad, FAD-UNAM.
Exposición / Enero 2020
Curaduría de Wendy Cabrera y Karla Kaplun. Museo de la Ciudad de Santiago de Querétaro. Noviembre 2019-febrero 2020.
Pintura / Enero 2020
Pintura al óleo, pintura acrílica, pedrería acrílica y hoja de oro sobre lienzo, 60 x 40 cm, 2009-2019
Pintura / Enero 2020
Pintura al óleo, pintura acrílica, lentejuela, hoja de oro y maíz criollo sobre lienzo, 100 x 70 cm, 2009-2019.
Exposición individual / Enero 2020
Curaduría de Christian Barragán. 14 al 21 de diciembre, 2019.