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Columna: El gran pastel de la semana del arte en México

Febrero 2018

Por Santiago Robles

La semana del arte en México (7 al 11 de febrero) resultará abrumadora para quien decida, de modo heroico, nutrirse de toda la oferta cultural que en ella se presenta. Será difícil también lidiar con la cantidad de información debido al gran número de inauguraciones y exposiciones que se llevan a cabo: museos, galerías y distintos espacios destinados a la investigación y exhibición artística, apertura de ferias, obras presentadas, mesas de diálogo, visitas a los estudios, eventos especiales y las fiestas que se organizan. Hay muchos estímulos significativos y poco tiempo para asimilarlos. ¿Cómo lidiar con un pastel entero al que se te invita a devorar de una sola sentada? El problema no es la cantidad, sino crear la estrategia para disfrutar lo que queramos y seamos capaces de consumir.

Hace algunos años, los profesionales y las personas vinculadas en un sentido programático al campo del arte en nuestro país organizaban su calendario anual y se reunían en torno del Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo (SITAC) organizado por el Patronato de Arte Contemporáneo (PAC). La mala noticia y lo que se lamentó en gran medida este año fue la cancelación del mismo. La buena noticia es que sólo se trata de una pausa, pues el simposio volverá el año siguiente —en este sentido, la ausencia de un foro que cíclicamente ha albergado distintos actores tanto nacionales como internacionales para discutir y analizar una parte del arte de nuestro tiempo se resintió profundamente. Sin embargo, hace tiempo que el SITAC no es el único punto de referencia del arte contemporáneo en nuestra ciudad; las ferias han tomado la estafeta debido a la cantidad de recursos y personas que atraen. Para muestra, un botón:

ZsONAMACO reunió, en su quinceava edición, a 170 expositores de 27 países (18 galerías mexicanas) y mostró el trabajo de 2 mil artistas. El precio promedio de la renta por un stand fue de $16,000 dólares (Alrededor de $302,000 pesos). Las secciones presentadas fueron ZsONAMACO SUR —la cual mostró obras de arte en las que la articulación de diferentes materiales juega un papel esencial en la construcción de significados—, arte moderno, nuevas propuestas, sección principal y diseño; así como el área de editoriales y presentaciones. La feria rompió su récord de asistencia este año, convocando a 63,000 visitantes (2.4 veces la capacidad del escenario principal del Foro Sol). ¿Las ventas? Según distintas fuentes, no fueron demasiadas aunque tampoco malas. Al respecto, habría que tener en cuenta la polémica reciente en la que se vio envuelta la institución cuando decidió mantener su calendario programado a pesar del temblor que sacudió a buena parte del país el septiembre pasado; el actual precio del dólar (desde la perspectiva de los coleccionistas nacionales); la incertidumbre frente a las elecciones presidenciales en puerta y a la etapa de renegociación del TLCAN por la que atravesamos (ver Ensayo: Arte y Frontera).

Muchas más ferias y exposiciones se llevaron a cabo en estas fechas: la sexta edición del Salón ACME, la quinta de Material Art Fair, la segunda de la Lulennial, la primera de Arte10 y Prras! en Ladrón Galería, por mencionar algunas. Dos de estas propuestas llamaron particularmente mi atención porque, a pesar de estar vinculadas temática y programáticamente con el circuito de las ferias (y una de ellas en clara relación geográfica), se plantearon como distintas opciones para el encuentro del espectador con la producción artística —que responde a necesidades asociadas con el espacio, el tiempo, la cercanía y la contemplación. El primero de ellos es Anonymous Gallery, iniciativa que surgió en EUA en formato pop-up en 2008 y llegó a México en 2011. El proyecto habita actualmente su segundo espacio físico, mismo que pronto dejará para asentarse en uno nuevo. Se encuentra ubicado estratégicamente en la colonia Cuauhtémoc Pensil, a unos cuantos minutos (si el tráfico lo permite) de la Condesa, la Juárez y la Cuauhtémoc, así como de distintos recintos que configuran gran parte de la semana del arte. En este espacio se presenta, hasta el 10 de marzo, la muestra San Isidro’s Still (La calma de San Isidro), título que retoma el nombre popular de los hongos alucinógenos que en la época prehispánica eran conocidos como teonanácatl, «carne de los dioses» y que comúnmente germinan en el estiércol de rumiantes.

SantiagoRobles, RevistaCodigo, Columna, ContemporaryArt, ArteContemporáneo

La muestra colectiva, curada por Paulina Ascencio y Daniel Garza Usabiaga busca, en palabras de sus presentadores, relacionar la esfera del arte con el mundo de los enteógenos a partir de una investigación relacionada con las percepciones profanas, encuentros rituales y exploraciones lúdicas. Uno de los mayores aciertos de la museografía es que permitió la acumulación de grandes cantidades de personas sin que la obra estorbase. Esto, en un sentido profundo, quiere decir que la configuración espacial de las piezas, en relación con su entorno, rompe el sentido de continuidad (ver Continuo/discontinuo. Las ferias de arte, de Daniel Montero), y que en ocasiones impide «fijar la vista en particularidades tanto de las galerías como de las obras que venden allí». Es decir, la presentación de las obras es todo menos caótica; forman un conjunto coherente, lo que le permite al espectador asimilar y generar un juicio respecto a lo que está observando de un modo afable. La muestra abrió con un performance a cargo de Jippies asquerosos: un personaje vestido como párroco paseó por la galería con un incensario que contenía marihuana, cargando así la atmósfera e invitando a realizar una interpretación distinta por parte del público de las obras que ahí se presentaban. Esta acción tuvo claras referencias a una broma que se viralizó por internet a inicios de año, donde se aseguró que dos monaguillos habían colocado medio kilo de marihuana en el botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela. El acto en el recinto devino como una bocanada literal de aire —¿fresco?— ante el sistema tan estructurado y comprometido de exhibición y saturación que permea, en ciertos espacios, el modelo de exhibición en la semana del arte.

La segunda propuesta es el proyecto Periférico, Arte Pensamiento, que abrió sus puertas en Naucalpan con la muestra colectiva ¿Quién te crees tú? a cargo de Octavio Avendaño. La muestra busca explorar diversos tipos de violencia a partir de distintos registros. El inmenso espacio, que sirvió como fábrica de calcomanías, invitará periódicamente a curadores para desarrollar iniciativas experimentales. El proyecto es concebido como «un espacio de diálogo, estudio, reflexión y crítica», y tendrá como uno de sus principales intereses descentralizar las prácticas y posibilidades culturales realizando actividades vinculadas con el campo artístico en el norte de la ciudad. Para ello, en parte, albergarán estudios para creadores jóvenes de distintas disciplinas, se organizarán seminarios, buscarán vincularse con el Foto Museo Cuatros Caminos y se editará una publicación de forma anual con el registro del trabajo realizado. El día de la inauguración también se presentó una acción, en este caso participativa, a cargo de Lázaro Valiente en la cual se invitó a los asistentes a guardar silencio, a contemplar las obras sin intercambios verbales ―o de ningún tipo― entre nosotros y a describirnos y sentirnos a partir de un ejercicio colectivo de escritura. Nuevamente, la configuración de la muestra permitió un intercambio digno, coherente, entre los asistentes, las obras presentadas y el contexto que las alberga. A pesar de que el espacio se encuentra insertado en un cruce de alta circularidad ―debido a los centros comerciales, bases de combis y la estación de metro de Cuatro caminos―, se experimenta como un recinto propicio para la contemplación y el encuentro con distintas iniciativas que se contraponen al ritmo de entornos altamente dinámicos.

SantiagoRobles, RevistaCodigo, Columna, ContemporaryArt, ArteContemporáneo

Ahora bien, ¿cuál será uno de los principales retos de ambos espacios (y de muchos otros)? Sobrevivir al paso del tiempo para desarrollar un programa consistente. Histórica y lamentablemente ha sido un problema en nuestro país crear espacios culturales y sostenerlos de forma autogestiva. Ya lo señaló José Manuel Springer: «Lo alternativo es sólo una versión más de lo oficial» ―es decir, y como bien se puede apreciar en estas líneas, autogestivo no quiere decir que algo esté fuera del sistema del arte; significa que tiene la posibilidad de abrir rutas distintas dentro de él, quizá algunas que impliquen intercambios más horizontales entre sus participantes y la generación de espacios incluyentes y afables en múltiples sentidos: construir lugares donde podamos posicionarnos y reconocernos como individuos, dentro de un entramado cultural que no coloque el interés monetario por encima de todos los demás factores que están en juego en su conformación. Por ejemplo, el factor del espacio y el tiempo en relación con la cantidad de estímulos.

Este breve texto no condena en ninguna medida a las ferias de arte ―esto resultaría insensato, pues no puede existir sociedad sin intercambio. Las ferias promueven en gran medida el desarrollo y la visibilidad de una escena cultural abierta a dialogar con otras latitudes y que se encuentra en constante transformación. Sin embargo, considero de suma importancia que se asegure la existencia de espacios como los aquí referidos ―y esto no es un llamado al paternalismo del Estado sino a la creatividad, planeación y profesionalización de los dirigentes de estas iniciativas―, pues sirven como un contrapeso fundamental a la cantidad y el ritmo expositivo de los formatos predominantemente comerciales de circulación artística. De esta manera, podremos continuar degustando a nuestro tiempo y modo del gran pastel del arte contemporáneo, cortando una rebanada que se ajuste a la medida de nuestros intereses y teniendo la libertad de elegir si queremos que contenga o no el factor enteógeno sorpresa.

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Texto publicado originalmente en el portal de la revista Código, el 21 de febrero de 2018.

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